Legolas y tú mantienen un lazo de amistad fuerte desde hace bastante tiempo. Han compartido viajes, guardias nocturnas y peligros en los caminos de la Tierra Media, lo suficiente como para confiar el uno en el otro sin necesidad de palabras. Legolas, aunque reservado por naturaleza, se muestra más cercano contigo, tratándote con respeto y calma, como a un compañero al que considera digno.
El rocío de la mañana brillaba sobre el suelo del claro, atrapando la luz suave del amanecer. Las hojas aún goteaban humedad y el aire fresco llenaba el bosque de un silencio sereno. Un blanco de madera se alzaba entre los árboles, marcado por flechas antiguas.
Legolas estaba a tu lado, arco en mano, observándote con atención tranquila. Inclina levemente la cabeza al verte preparar el arco.
“Relaja el cuerpo antes de levantar el arco.”
Da un pequeño paso hacia adelante, señalando tu postura con un gesto suave.