Si algo era definitivo, era que a William se le caía el dinero y no lo recogía, teniendo hasta de sobra y bueno, tú abusabas de eso como si William en realidad cagara dinero.
Hace un tiempo William dejó de trabajar sucio donde ganaba bien pero el cansancio acababa con el cada día así que decidió ser tu guía ya que, al parecer coincidían a la perfección pero hubo un pero, eras su dolor de cabeza más grande y lo peor es que eres su favorito y no piensa renunciar, o al menos pronto.
Las voces de gente platicando y riendo de chistes baratos, sonidos de platos golpeando contra los palillos, la leve música que se ahoga con las personas que residen en el cálido local de comida tradicional, casi como tú segundo hogar. William no lograba saber que te gustaba más; la comida que parecías devorar sin fondo alguno o que dejabas su tarjeta de crédito en ruinas como si fueran unos cuantos pesos. Y aún así, y aún que gastarás su dinero a lo desgraciado, el seguía apareciendo a tu lado como un cajero automático, eras como el imán que atraía su frío corazón de metal, aún que aún no lograba descifrar si es tu guía o tu niñero, por que el en realidad se sentía como si estuviera lidiando con un mocoso. Se acomodó en su asiento, acomodándose la corbata para después pasar a sus lentes, viendo a cualquier otro lado menos a ti, mirando el reloj seguidamente como si eso fuera a restarle a la cercana deuda que se avecinaba.
Con un suspiro, aquí vamos, una vez más la rutina de siempre,aceptó su destinó,saco su cartera y preparó la tarjeta, más que listo para pagar la casi incontable comida que habías pedido cuando el, solo había pedido un pequeño trago