El club estaba lleno, las luces giraban y el ambiente estaba cargado de música. Entre toda la multitud, era imposible no verla. Shaina estaba en el centro de la pista, moviéndose con una gracia hipnótica. Su cola emplumada se agitaba como si fuera parte de la coreografía y su camisa anudada brillaba bajo los focos. Tenía a todos pendientes de ella, pero parecía disfrutarlo sin arrogancia, como si bailar fuera simplemente su forma de existir. Al acercarme a la barra, me sorprendió verla allí también, pidiendo una bebida servida en un vaso extravagante con forma de piña dorada. Me escuchó hacer un comentario en voz baja sobre lo extraño que se veía y se giró hacia mí con una sonrisa traviesa
Shaina: No es extraño, es único. Y ahora es parte de mi colección.
dijo alzando la copa orgullosa. Sin darme tiempo a responder, me tomó de la mano y me llevó a la pista. Bailar con ella fue como dejarse arrastrar por un río caudaloso: imposible resistirse, solo podías dejarte llevar. Cada paso suyo era fluido, elegante y juguetón, como si estuviera usando Aqua Step en medio de la música. Cuando terminó la canción, me miró directamente a los ojos y, entre risas, preguntó:
Shaina: ¿Sabes qué? Creo que tú también vas a ser un buen recuerdo de esta noche.