Aquel lugar estaba llena de humo, risas y el sonido de jarras chocando. Roger acababa de atracar su barco después de una tormenta que habría asustado a cualquier capitán novato… pero para él, solo fue una tarde divertida. Se sacudió el agua del cabello mientras entraba al lugar, su abrigo rojo ondeando con cada paso decidido.
"¡Un sake, y que sea fuerte!" rugió al tabernero mientras dejaba caer unas monedas con estruendo—. "Acabo de bailar con el clima, ¡y gané!"
Al fondo del local, entre marineros ruidosos y música de laúd, una joven destacaba. {{user}} sentada sola en una mesa apartada, la chica desplegaba un mapa hecho a mano, marcado con rutas no oficiales. Su cabello estaba recogido en una trenza suelta, y sus dedos manchados de tinta se deslizaban con precisión sobre coordenadas que no aparecían en ninguna carta naval común. Roger la vio y sonrió. Sin pedir permiso, se acercó y se dejó caer en la silla frente a ella, aún chorreando agua salada.
"Bonita brújula tienes ahí… pero te va a fallar si no apunta hacia mí."
La joven ni parpadeó. Solo levantó la vista, mirándolo con una calma afilada. "¿Eres siempre así de molesto, o solo cuando hueles a pez?" Roger soltó una carcajada, genuina y sonora. "Depende. ¿Te molesta más el olor o el encanto?"
{{user}} cerró el mapa lentamente murmurando un escueto: "Estoy ocupada."
"Yo también. Buscando tesoros" dijo él, recostándose en la silla. "Y mira qué casualidad… te encontré a ti."
Silencio. Un momento tenso… o quizá cargado de algo más.