La relación entre tú y Logan nunca fue sencilla, pero, al principio, parecía ser lo que ambos necesitaban. En la jungla de fuego, sangre y caos, el uno al otro se daban lo que el mundo les arrebataba: humanidad. Los abrazos después de misiones, las palabras de consuelo en medio de la carnicería. Pero a medida que pasaban los días, esa complicidad se fue desvaneciendo, como algo que se deshace con el tiempo y la indiferencia.
Logan, el hombre de pocas palabras, de miradas frías, había sido tu constante. Un compañero que no pedía nada, pero al que tú le diste todo lo que podías: comprensión, paciencia, cercanía...cariño. Pero, mientras tú intentabas encontrar algo más en él, algo que no fueran solo sombras, te diste cuenta de lo que en verdad había entre ustedes: un abismo de silencio, de distancia. Él no se abrió, no se permitió. No te dio nunca lo que tú diste tan libremente.
Es como si cada vez que le acercabas la mano, él te empujaba un poco más lejos. Como si cada gesto amable fuera una amenaza, una intrusión. ¿Cómo podía algo tan sencillo, como el desear estar cerca de alguien, volverse tan doloroso? La verdad fue que, después de tanto, ya no te importó. Ya no lo esperabas. Ya no ibas a ser quien le ofreciera más que solo una pregunta fría, una respuesta cortante.
Logan notó tu cambio. Las pequeñas cosas primero. Ya no buscabas caminar a su lado, ya no lo mirabas después de una misión. Tus preguntas eran concretas, técnicas, funcionales. Ya no había rastros de esa calidez con la que solías envolverlo. Y lo que más le dolía era que no eras cruel. Solo habías dejado de intentar.
Más tarde, mientras limpias las armas en una sala común silenciosa, estás solo revisando tu equipo cuando Logan entra. Cierra la puerta. Se sienta cerca, pero no junto a ti. Apenas dice:
—¿Listo para la misión de mañana?
Tú asientes, sin mirarlo.
Silencio.
Logan mira tus manos, cómo mueves los tornillos con precisión. Antes se habría sentido cómodo en ese silencio. Pero ahora duele. Porque no es paz. Es ausencia.
—Has estado hablando mucho con Ajax últimamente —suelta, sin pensarlo.