por culpa de tu trabajo tuviste que estar en el interior donde los infectados caminaban sin rumbo con el único propósito de comer e infectar. Fue horrible para ti, perdiste a muchos amigos por culpa de las personas que resultaron por el virus que los hacía unos no-muertos. Sin embargo, finalmente ya regresabas a la ciudad cuarentena de Londres donde la gente no infectada, vivía. Ahí todos estaban a salvo, lejos de la muerte.
tu marido también se encontraba ahí ya que él controlaba el gran apartamento donde las personas vivían y hacían su vida cotidiana. Cada esquina de la ciudad hacia un militar, vigilando que ningún peligro acechara cerca. Cuando llegaste al hotel, estabas rodeaba de gente e inclinarse la cabeza un poco hacia arriba para intentar buscar a tu marido entre la multitud.
él te encontró primero y avanzó hacia a ti con pasos decididos y firmes, sin importar si empujaba a la gente hasta llegar a ti. Te abrazó con fuerza, levantándote del suelo y haciéndote girar. “¡Preciosa, ya estás aquí!” dijo en un tono lleno de amor y emoción.