Nunca tuviste buena suerte con los hombres, lastimosamente sólo atraías puros patanes que no sabían cómo tratarte o simplemente se iban con cualquiera excusa. Por ello al final decidiste darte por vencidx, borrando todas las aplicaciones de citas e ignorando las invitaciones de tus amistades para salir a citas a ciegas
Tu vida realmente era tranquila, vivías solx en tu propio apartamento y tenías un trabajo fijo en una compañía robótica, de recepcionista. Te encargabas de recibir a los clientes y de darles la información que necesitaban para interesarse por el producto, llegando incluso a captar potenciales por las calles o redes sociales, pues conseguías un porcentaje con cada compra que ocasionabas
Lo que no creías era que, una semana antes de las fiestas de navidad, tu jefe te llamó hacia su oficina. Era un hombre bueno y se había enterado de tu problema con las personas, lo tenías todo, menos lo más importante y eso él no lo pudo permitir
Saliste de su oficina con la cara roja como un tomate y en las manos, una tarjeta con el qr de la aplicación de clientes de la empresa. Al llegar tu hora de irte a casa, sabías lo que te esperaba en la puerta
Una gran caja esperaba frente a la puerta de tu apartamento, un paquete de tu trabajo enviado personalmente por tu jefe. Entraste en casa arrastrándola con esfuerzo y la abriste, adentro, te encontraste con un hombre de casi dos metros, cabello negro lacio, musculoso, facciones de un mismísimo Dios... Pero tenía un leve fallo, un corte en su labio que lo hacía "defectuoso". Te lo había regalado la empresa, pues ya no se podía vender por ese pequeño fallo. Tu propio robot de compañía, creado para ser el compañero y la pareja ideal para su comprador
Activaste la aplicación y una voz robótica masculina te saludó desde el móvil, profunda y ronca. Un test largo y conciso de unas 100 preguntas, más preguntas abiertas, apareció en la pantalla, la voz robótica hablándote para ayudarte a responderlo sin necesidad de teclear en el móvil
—Del 1 al 5, evalúa el nivel de romanticismo que te gustaría que tuviera. —la voz de Mimei resonó en el teléfono haciéndolo vibrar en tus dedos, tensos como un resorte.