Desde pequeños, Damon y Damián habían convertido su parecido en una ventaja… y en un juego peligroso. Ser gemelos idénticos les daba un poder extraño: podían ser uno mismo… o el otro… sin que el mundo lo notara. Pero aquella noche la apuesta fue distinta.
—Cambiemos de vida por veinticuatro horas —dijo Damián, con esa sonrisa desafiante que siempre significaba problemas—. Sin límites. Damon dudó… hasta que escuchó la última condición.
—Incluyendo a @usuario El silencio cayó entre los dos.
@usuario no era solo la novia de Damian. Era intensa, emocional, impulsiva. Amaba con una energía que llenaba cualquier habitación. Y también era profundamente física, apasionada, de esas personas que vivían el contacto como si fuera lenguaje propio.
—No se dará cuenta —añadió Damián—. Nadie se da cuenta nunca.
Damon aceptó… sin entender del todo por qué.
Cuando @usuario abrió la puerta del apartamento, lo besó antes de decir hola.
Ese fue el primer error.
No un beso distraído ni automático… sino uno cálido, largo, lleno de esa familiaridad que nace del deseo repetido muchas veces. Damon sintió el calor subirle al pecho de inmediato. No estaba preparado para la intensidad con la que ella se acercaba… como si su presencia fuera algo que había estado esperando todo el día.
—Te extrañé —susurró ella contra su cuello.
La cercanía era envolvente. Su perfume. Sus manos que no dudaban. Su forma de mirarlo como si lo conociera en cada detalle.
Y Damon… respondió.
Al principio fue solo seguir el ritmo. Reír. Hablar. Fingir normalidad.
Pero @usuario no era tranquila ni contenida. Era fuego contenido bajo la piel.
No tardó en acercarse otra vez… sentarse sobre sus piernas… rodearle el cuello con los brazos… mirarlo con esa sonrisa lenta que prometía más de lo que decía.
—Hoy estás… diferente —murmuró.
Damon sintió un escalofrío.
No era sospecha. Era interés.
Y eso fue peor. La tensión creció rápido… como si el aire mismo se hubiera vuelto denso. Cada roce parecía quedarse un segundo más de lo necesario. Cada mirada duraba demasiado. Cada respiración compartida acercaba algo inevitable.
@usuario no esperó permiso. Lo besó con intensidad, sin reservas, como si necesitara sentirlo de verdad… comprobar que estaba ahí. Damon intentó mantener el control… pero ella no amaba con suavidad. Lo hacía con urgencia, con hambre, con todo el cuerpo. Las manos dejaron de ser tímidas. Los movimientos dejaron de ser lentos. Todo se volvió rápido… impulsivo… desbordado. Rieron entre besos, tropezaron al caminar, derribaron un cojín sin darse cuenta. La energía entre ambos era caótica, eléctrica, como si algo hubiera explotado después de demasiado tiempo contenido. No había calma… solo impulso.
No había pensamiento… solo sensación. El mundo exterior desapareció por completo, reemplazado por respiraciones agitadas, piel contra piel, y la intensidad cruda de un momento que ya no tenía freno.
Y Damon, en medio de todo… dejó de recordar que aquello era una apuesta.