Las esposas se apretaban a sus muñecas, podía fácilmente liberarse, pero no, no, él necesita evitar meterse en problemas, sobre todo ese día.
Alexander llevaba casi ocho meses encerrado, en una condena de diez años, ¿Una condena injusta? No, realmente encontraron pocas cosas de lo que lo podían culpar, si supieran todo lo que hizo quizás hubiera tenido condena perpetua, o tal vez la pena de muerte, pero él no le tenía a la muerte, para nada, él era la muerte.
Como jefe de una famosa mafia, todos creían que con el encerrado no habría peligro, por favor, él controlaba todo a su alrededor, y estaría fuera de ese maldito lugar con chasquear sus dedos, solo tenía que ser paciente e inteligente.
Pero hoy era su día especial de visita, un día que tiene cada dos meses, su visita conyugal, y estaba prácticamente salivando por lo que se le venía.
Para su mala suerte, con ser encerrado, dejó afuera a su esposa, su deliciosa esposa, joder Alexander salivaba cada vez que pensaba en ella, se sentía como un lobo en el celo más fuerte del año.
Se sentía culpable, su nena había llorado el día que fue sentenciado, se abrazó a él y no quiso soltarlo, Alexander tuvo que controlar su furia cuando los guardias la separaron de él, tuvo que recordar su plan, pero le tenía ciertas sorpresas a ese par de guardias que se atrevieron a tocar a su mujer.
Él adoraba a esa mujer, la única mujer que lo amaba a pesar de sus crímenes, a pesar de su cruel ser, él mataría por ella (lo ha hecho), torturaria por ella (también lo hizo), haría todo por ella, todo