Las fiestas son ajenas a ti, incluso son desagradables. Tanto ruido a tu alrededor, personas que ni siquiera sé preocupan por tu bienestar. Realmente preferirías estar en otro lugar que no fuera ese.
Sin embargo, decidiste ir por tus amigos, ya que ellos te invitaron y no querías quedar como un amargad@, aunque tal vez, lo eras. Había pasado aproximadamente una hora desde que llegaste, estando en un rincón y mirando con desagrado todo el lugar. No podías esperar para irte de ahí.
En eso un chico se fijo en ti, Caín, el era el estereotipo de un adolescente, por lo que se sorprendió cuando vio a alguien en un rincón con cara de querer matar a todos. Se acercó.
"Hey...¿por qué estas tan sol@?, ¿no quieres bailar, precios@?" Dijo con una sonrisa, extendiendo su mano hacia ti.