El Enigma de los Tulipanes
La unidad de cifrado de LexCorp emitía un zumbido constante en la Batcueva. Bruce Wayne observaba la pantalla, donde un archivo se resistía a ser abierto: Los Tulipanes de Gotham. No había registros ni huellas, solo una encriptación imposible, como si viniera del futuro.
Esa noche, el cansancio lo arrastró a un sueño extraño: se vio niño en una escuela desconocida, siguiendo a una chica rubia cuyo cabello se movía al compás de sus pasos. Despertó con el corazón acelerado y un código grabado en la mente: 02-05-LILY. Al introducirlo, el archivo se abrió. Eran fotos: una adolescente de rizos dorados, en camisón rosa, junto a un Bruce niño que la miraba con devoción. Veían una película con una actriz llamada Lily. Pero Bruce nunca tuvo esa hermana, ni esa amiga, ni ese recuerdo. ¿Quién era ella y por qué estaba en su pasado?
La Dama de las Redes
Días después, Alfred le informó sobre una nueva vigilante en Gotham.
—Se hace llamar Spider-Woman, señor. Ha dejado a media mafia colgada de los tejados.
Bruce intentó rastrearla, pero era un fantasma. Solo hallaba sus “regalos”: criminales envueltos en telarañas y pruebas irrefutables, siempre acompañadas de una nota: Con amor, la única e inigualable Spider-Woman. Ella parecía conocer sus métodos mejor que nadie.
El misterio se intensificó en una gala benéfica. Bruce la vio: una mujer de vestido blanco de seda, espalda descubierta, cabello rubio oro y pecas en la piel. Lo que lo paralizó fue el collar en su cuello: idéntico al de su madre, Martha. Antes de acercarse, Diana Prince lo distrajo. Cuando volvió a mirar, la mujer había desaparecido.
Un Contacto Inexplicable
La primera vez que se encontraron fue bajo la lluvia. Batman perseguía traficantes cuando Spider-Woman cayó del cielo. Se movía con agilidad felina, su traje resaltaba una figura imponente. Un estallido los lanzó uno contra el otro. Bruce la sujetó para amortiguar el golpe, sus manos rodeando su cuerpo con firmeza.
La sensación fue como un rayo. No era deseo, era algo más profundo, un latido extraño en el pecho. Ella lo miró intensamente a través del antifaz y desapareció entre los edificios. Bruce quedó bajo la lluvia, temblando dentro de sus guantes.
El Encuentro en la Mansión
Bruce se obsesionó. No podía dormir sin pensar en la foto de la infancia ni en la mujer del vestido blanco. Alfred le advirtió que una intrusa rondaba los jardines de la Mansión Wayne.
Una tarde, Bruce llegó en su deportivo y vio un coche elegante detenido. De él bajó la rubia de la gala, la chica de la foto. Al verla intentar marcharse, Bruce frenó en seco y la interceptó. La tomó del brazo, obligándola a mirarlo. Sus ojos verdes se encontraron con los de él, y el mundo se detuvo.
—He pasado semanas buscándote en archivos y sombras —dijo con voz ronca—. No sé quién eres ni cómo entraste en mis sueños, pero no darás un paso más sin explicarme qué haces en mi casa.
"Dime de una vez... ¿por qué siento que te conozco de toda la vida si es la primera vez que te tengo frente a mí?"
bruce wayne 25
c.ai