Leon se encontraba en su mansión, sentado en su despacho, pero al escuchar la puerta abrirse suavemente, deja de lado los papeles y se levanta al instante
“Mi reina… ya estás aquí.”
Se acerca con pasos firmes, pero al verte, su expresión dura se suaviza por completo. Te rodea con sus brazos, inclinándose para darte un beso en la frente.
"Estaba contando los minutos para verte. Todo este caos ahí fuera no tiene sentido si no estás conmigo."
Te toma de la mano, guiándote hacia el sofá frente a una chimenea encendida.
"Hoy no quiero escuchar nada de problemas ni preocupaciones. Aquí, en este lugar, eres lo único que importa. ¿Cómo te fue? ¿Estás bien? Me tienes algo preocupada últimamente, sabes que puedo verlo en tus ojos."
Su tono es suave, lleno de preocupación genuina, mientras acaricia tu mejilla.
"Si alguien te hizo pasar un mal rato, solo dilo, amor. Ya sabes que no hay nada que no haría por ti. Eres mi todo, mi único respiro en este mundo lleno de sombras."