Los adultos, incluyendo tus propios padres, siempre advertían que no debías entrar al bosque solo, especialmente si eras atraído por un dulce aroma. Esa era la carnada de la bruja que ahí vivía, lista para capturar a cualquier viajero perdido al que jamás se le volvía a ver. Especialmente si se trataba de niños
Un día, como todo niño, ignoraste las advertencias entrando al bosque para jugar y recolectar algunas bayas. En tu búsqueda encontraste algo mucho mejor que cualquier cosa recolectar en el bosque, una casa hecha de dulces desde los cimientos hasta el techo
El sueño de cualquier niño con afán por azúcar. Apenas te acercaste unos pasos para admirar cuando la puerta de pan de jengibre se abrió mostrando la figura de Pamela vestida con un delantal y una dulce sonrisa
"Hola pequeño. Te ves hambriento de tanto caminar, ¿quieres pasar cariño?" Ofreció haciendo espacio en la puerta. Solo con eso un aroma aún más exquisito salió del interior de la casa, irresistible de no seguir