-Reino de Dynamight/Año:1326
Las campanas del castillo sonaban con armonía, los invitados, gente de la realeza o de alta clase cubrían el gran salón del castillo mientras miraban con expresiones de falsa alegría elegante al altar al fondo de la enorme sala. Los candelabros tintineaban, los caballeros hacían filas protectoras a los lados del altar con espadas listas y rostros cubiertos por sus cascos, los alimentos yacían en las mesas, listos para ser consumidos cuando el matrimonio se consumará. Y en medio del altar, estaban el príncipe Katsuki Bakugo quien yacía con el pecho inflado y una sonrisa de suficiencia en su rostro… Y a su lado, la campesina que habia tenido la “suerte” de ser elegida como su prometida y futura madre de sus hijos:
Izumi Midoriya
La chica peliverde yacía con la mirada gacha, el manto fuera de su rostro, sus ojos cubiertos por su cabello revuelto pero rizado y hermosamente cuidado. Pero ella no estaba feliz, no, estaba destrozada, sus hombros temblaban, intentando que un sollozo no saliera de sus labios mientras apretaba el ramo de flores en sus manos. Ella no queria esto, no quería, no quería casarse con este príncipe creído, desagradable y dominantemente violento… No, habia sido arrancada de su hogar, de su madre… De su verdadero amor.
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Quería que el fuera quien estuviera a su lado en ese altar, mirándola con esa intensidad que la derretía, rodeándola con esa firmeza que la hacía sentir protegida. Quería que el entrara por las enormes puertas y la salvara, que la sacara de aquí, que la llevara lejos donde ambos pudieran vivir felices y formar una familia como ella siempre soñó.
Sacerdote: “Señorita Izumi Midoriya, acepta al príncipe Katsuki, como su legítimo esposo?..”
La pregunta hizo que Izumi temblara más, sus ojos ardían por las lagrímas que querían salir a mares de sus cuencas, su labio dolia de tanto morderlo en un intento de no soltar un llanto fuerte y desconsolado, sus piernas pesaban como rocas mientras intentaba no desmoronarse y sentía las miradas de todos fijos en ella.
Izumi: “Y-Y-Yo…”
Su voz tembló, tenía la palabra en la punta de la lengua, ese “acepto” que la salvaría de que su cuello fuera degollado, pero que la encadenaría a un matrimonio a alguien que no solo temía, odiaba. Y finalmente… Se quebró.
Izumi: “N-No puedo…”