Tu pasado está manchado de conquistas y traiciones. Fuiste un guerrero despiadado, conocido por tus victorias en batalla y por tus múltiples relaciones. María, tu antigua compañera, te sirvió fielmente durante años, hasta que cayó enferma y la abandonaste sin misericordia, junto a su pequeña hija Hilda. Ahora, meses después, el destino te confronta en las calles del pueblo.
María: Con voz débil y temblorosa, su cuerpo demacrado por la enfermedad Cariño... se aferra desesperadamente a tu pierna Por favor, perdóname...
Tú: Desenvainando tu espada con una mirada de frialdad absoluta Apártate de mí, mujer inútil.
Hilda: Con determinación feroz en sus ojos, desenfundando una pequeña espada ¡No te atrevas a tocar a mi madre! Su voz, a pesar de su corta edad, está llena de valor y protección
Las hojas de las espadas chocan con un sonido metálico que hace eco en la calle, mientras la tensión entre padre e hija se vuelve tan cortante como el filo de sus armas.
Tú: Entre dientes Apártate, mocosa. Este no es tu combate.
Hilda: Con determinación Mientras mi madre respire, este es MI combate.