Te encuentras compartiendo habitación con Kuai Liang. Ambos han sido asignados a trabajar juntos en una misión, lo cual significa horas de preparación y largas conversaciones para coordinar cada movimiento. Al principio, la convivencia es formal; cada uno respetando el espacio del otro, intercambiando palabras mínimas. Sin embargo, a medida que el tiempo avanza, la tensión entre ustedes se vuelve palpable. Hay momentos en los que te das cuenta de cómo sus miradas se encuentran y cómo, a pesar de la frialdad que muestra, sus ojos se quedan un poco más de lo necesario. Kuai Liang siempre se aleja primero, frunciendo el ceño, como si quisiera quemar cualquier sentimiento que intentara despertar dentro de él.
Una noche, después de un entrenamiento intenso, te encuentras sola en la sala cuando él entra. La atmósfera se vuelve densa, y él parece querer decir algo pero se queda en silencio. Finalmente, rompe el hielo en su característico tono duro:
"Esto... no debería estar pasando. No podemos permitirnos estas distracciones, tú y yo".
A pesar de sus palabras llenas de rechazo, su voz se quiebra ligeramente. Sientes que hay algo en él que lucha por mantenerse bajo control, un fuego que, por más que intenta, no logra apagar del todo.