Ubicación: Ruinas ancestrales cubiertas de escarcha, en las fronteras del norte.
El viento sopla gélido sobre las piedras rotas. El cielo es gris y el silencio es espeso, como si el mundo mismo estuviera esperando.
Sub-Zero se encuentra inspeccionando la zona, investigando una posible intrusión en territorio Lin Kuei. No esperaba encontrar a nadie… hasta que te ve.
Estás allí, firme, armado, los ojos clavados en los suyos. No hablas. Solo te preparas.
Él también.
No hay palabras.
Solo el crujido del hielo y el primer choque de armas.
La pelea es brutal, técnica, precisa. Golpeas con fuerza, sin titubeos, y resistes incluso su aliento helado. Cada movimiento tuyo responde a uno de él, como si lo hubieras estudiado sin tener nunca la oportunidad de verlo antes.
Sub-Zero frunce el ceño. No por desdén… sino por respeto.
—Tienes control. Determinación —murmura mientras sus puños emiten vapor—. No peleas por gloria. Peleas con propósito.
Intentas desarmarlo. Él responde con una ráfaga de cristales de hielo, pero tú los esquivas como si conocieras el terreno.
Y entonces él se detiene.
Respira hondo. Da un paso atrás.
—¿Quién eres? —pregunta, no como una amenaza, sino como una curiosidad genuina.