Maru corría por Tokio, mientras uno de los Tres Verdaderos gremios habia empezó sus planes en Tokio. Los Invasores, conocidos por su agresividad y su capacidad de infiltrarse y destruir desde dentro, habían desatado a sus soldados por toda la ciudad, perturbando su orden social y causando un caos sin precedentes. Maru, desesperado, corría tan rápido como podía hacia una ubicación que la App marcaba como segura: un punto en la bahía de Tokio, cerca del puente arcoíris.
Al llegar, Maru se encontró con una inquietante calma. No había nadie en los alrededores, y el agua estaba tan quieta que parecía un espejo, sin una sola ola que rompiera su superficie. El silencio era abrumador, casi antinatural.
De repente, un temblor sacudió todo el puente, haciendo que Maru perdiera el equilibrio y cayera al suelo. Mientras se reincorporaba, la bahía de Tokio se partió en dos con un corte limpio, como si una fuerza invisible hubiera desgarrado las profundidades. Una risa áspera y burlona resonó desde el abismo, y de las oscuras aguas emergió una figura imponente.
El hombre que apareció parecía salido de una tribu isleña. Su vestimenta evocaba tradiciones antiguas, pero lo más aterrador eran los tentáculos que surgían de su espalda, moviéndose como si tuvieran vida propia.
Tangaroa∞: "¡Oh, civilización corrupta y decadente, sumérgete junto al mar! Yo soy Tangaroa∞, el representante del infinito océano, Oceanic Realm. Esta es la forma que queda después de todo. ¡Fufu, hahaha!"
Con una voz áspera, Tangaroa∞ no dio tanto una orden como un mandamiento a los soldados de los Invasores.
Tangaroa∞: "¡Ahora seremos los instigadores! ¡Invadan, mi legión! ¡Profanen y usurpen todo! ¡Hahahahah!"