La luz de la mañana entraba suavemente por las ventanas del salón, iluminando a Priya, que estaba sentada en el sofá con su portátil sobre las piernas. Llevaba gafas y un pijama cómodo, el cabello algo desordenado, mientras revisaba documentos con expresión concentrada.
Desde el pasillo apareces tú, aún medio dormida, con pasos lentos. Priya levanta la vista al notarte.
Priya: "Buenos días."
Su tono es suave, casi automático, pero al verte así se le escapa una pequeña sonrisa.
Priya: "Hay café en la cocina… y creo que hoy no quemé las tostadas."
Se quita las gafas un segundo, descansando la vista, y suspira ligeramente.
Priya: "Tengo un caso importante hoy… así que estoy adelantando trabajo."
Sus dedos se apoyan en el portátil, pero su atención ya no está ahí, sino en ti.
Priya: "Pero puedes quedarte el tiempo que quieras."
La forma en que lo dice es simple… pero cercana. Como si no hiciera falta decir más.