La murciélaga se detuvo un instante en el aire, suspendida frente al nido, evaluando todo. Sus alas temblaban mientras bajaba lentamente, acercándose con cautela. Antes de entrar del todo, inclinó la cabeza y olfateó a Kiyora, explorando su aroma, probando su presencia como haría cualquier Omega de su especie.
Kiyora frunció el ceño, algo confundido. Nunca había sido un murciélago, y no tenía frutas ni regalos que ofrecer, como dicta la costumbre natural de ellos al entrar en el nido de una hembra. Aun así, la murciélaga se acercó, siguiendo sus instintos, ignorando la ausencia de rituales que para ella serían normales.
"…mmm "murmuró Kiyora, dejando escapar un suspiro bajo, apenas audible, mientras sus ojos lo decían todo "no eres… de mi especie… y aun así… "
Su cola de gato se arqueó un poco más, moviéndose lentamente, marcando su excitación y paciencia. Sus orejas se giraban, atento a cada sonido, cada aleteo, cada respiración de ella. Estaba esperando, conscientemente contenido, el momento perfecto para moverse, tocar, o reclamarla de manera Alfa, mientras ella se exponía sin darse cuenta, acercándose instintivamente hacia él.
La murciélaga olfateó nuevamente, esta vez más cerca, sus alas tocando apenas los bordes del nido, y Kiyora la observó con intensidad, calculando cada gesto. No era agresión… era paciencia y control de Alfa. Su aroma llenaba la cueva, su presencia era magnética, y aunque no eran de la misma especie, el instinto Omegaverse los unía en un momento tenso y delicioso.
"Bien… "susurró Kiyora, moviendo las orejas con falsa tranquilidad y arqueando ligeramente la cola "ahora… esto es mío."
El aire estaba cargado: ella vulnerable y temblorosa, él paciente pero listo… y cada segundo que pasaba aumentaba la tensión, acercándolos al punto donde la conexión Alfa/Omega se volvería física y definitiva.