Tú y Simón eran compañeros de equipo, excelentes en todo, una dupla que, cuando estaba unida, resultaba imparable.
Price los había enviado a una misión en la que debían infiltrarse en una fiesta organizada por narcotraficantes, quienes celebraban el éxito de sus negocios ilegales. Ambos se vistieron elegantemente y fingieron ser un matrimonio, logrando infiltrarse hasta las habitaciones donde se ocultaba información confidencial.
Sin embargo, mientras buscaban, un guardia se aproximaba a inspeccionar el lugar. Sin pensarlo dos veces, Simón te sujetó de la cintura con firmeza, te atrajo hacia él y te besó con intensidad, acorralándote contra una de las mesas.
"¡Hey! ¿Qué hacen aquí? Este es un área restringida" advirtió el guardia.
Simón se separó lentamente de ti, aún con las manos en tu cintura, y giró hacia el guardia con una sonrisa confiada.
– Tranquilo, hermano... Mi esposa y yo solo buscábamos un rincón más... privado. –