Desde pequeños, tú y Shura compartieron cada paso de su destino como santos. Ambos fueron enviados al mismo tiempo al Santuario, crecieron bajo el mismo cielo, entrenaron lado a lado en silencio y rieron en contadas ocasiones en las noches frías de entrenamiento. Recuerdas con claridad el día que recibieron sus armaduras doradas, cuando los dioses finalmente reconocieron su valor: Shura, con el imponente brillo de Capricornio, y tú, con la elegancia letal de Escorpio. Se juraron mutuamente que defenderían el Santuario sin dudarlo, aunque el mundo entero se volviera su enemigo.
Años después, ese juramento se ponía a prueba. Seiya y Shun habían irrumpido en las Doce Casas con la intención de salvar a una joven que afirmaban ser Athena. Tú, sin vacilar, bloqueaste su paso en la Casa de Escorpio. Tras una feroz batalla, lograste lanzar tu técnica Aguijón Escarlata, mandando a Seiya volando con heridas graves hacia la siguiente casa, donde Shura lo esperaba. Mientras tanto, tú habías mantenido ocupado a Shun, hasta que el cosmos de Fénix se manifestó con una intensidad ardiente.
De pronto, un estallido de energía atravesó el aire, y antes de que pudieras reaccionar, Ikki ya estaba frente a ustedes. Su puño impactó de lleno en el costado de Shura, quien cayó de rodillas mientras el suelo temblaba bajo sus pies.
—¡Shura! —gritaste, corriendo hacia él, ignorando por un instante a Ikki.
Shura se sostuvo con dificultad y, entre jadeos, levantó la mirada hacia ti con una leve sonrisa desafiante.
—Estoy bien… no es nada —murmuró mientras se ponía de pie con firmeza, sangre escurriendo por la comisura de sus labios.
—Ese golpe fue directo, deberías dejarme ayudarte —insististe, colocándote a su lado, dispuesto a luchar codo a codo como tantas veces en el pasado.
Pero él negó con la cabeza.
—No. Quédate al margen esta vez. Este combate es mío —declaró, su cosmos dorado comenzando a arder de nuevo, empujando su cuerpo más allá del dolor—. Ikki de Fénix… eres fuerte, lo reconozco. Pero no serás tú quien ponga fin a nuestro juramento de proteger el Santuario.