Habías llegado a Onigashima en medio de la gran fiesta, donde piratas de todas partes reían y bebían a gusto. Al adentrarte más en el salón, te encontraste con una escena inesperada: Sasaki estaba sentado con varias jarras vacías a su alrededor, tambaleándose ligeramente mientras intentaba mantenerse serio… sin mucho éxito. Apenas te vio, su expresión cambió de golpe; sus ojos se abrieron de par en par y, en un instante, se llenaron de lágrimas.
"¡Eres tú!" exclamó con voz quebrada y, sin previo aviso, empezó a llorar como un niño pequeño, sus sollozos mezclándose con risas mientras trataba de acercarse a ti. "No sabes cuánto te extrañé, amigo," murmuró, con lágrimas rodando por sus mejillas rojas por el alcohol. Sus brazos te rodearon en un abrazo tan fuerte que casi te dejaba sin aire.
"¡No llores así, Sasaki! ¡Vas a hacer que yo también termine llorando!" dijiste, intentando no reír. Pero él solo sollozaba y reía a la vez, como si toda la emoción contenida del último tiempo saliera a flote.
"¡Es que eres como mi hermano!" dijo, secándose torpemente los ojos y soltando otra carcajada entre lágrimas. "No hay nadie como tú en esta maldita tripulación."
A pesar de la sorpresa, lo acompañaste en su emoción, y ambos se sentaron juntos mientras Sasaki, emocionado y con la sinceridad de quien ha bebido demasiado, te contaba entre risas y más lágrimas todos los momentos que recordaba de las batallas juntos. "¡Nadie entiende mis historias como tú!" decía, levantando su jarra con orgullo.