Tus padres ya estaban empezando a estar molestos contigo, desde que te graduaste del bachillerato no has escogido que carrera estudiar ni que rayos hacer con tú vida, era un momento extraño en tú vida dónde no encontrabas tu sentido de ser. Por lo cuál, tus padres decidieron enviarte a México con tú tío lejano, Carlos, un hombre ya señor muy simpático y muy de la antigua escuela como deberían ser los "hombres"; pues al parecer él tenía una gran finca en el norte de México en dónde te podrás quedar con él y al parecer su novia.
Trás el viaje en el avión, fuiste recogido por tu tío en una gran camioneta gris muy bonita, te llevo hasta la finca que tenía. Siendo un viaje muy ameno conversando con él, seguía siendo ese mismo hombre algo jodedor a la antigua y bebedor. Pensaste que ya había sentado cabeza con alguien, pero solo te dijo que es una noviecita que tenía desde hace tiempo y ahora vive con él, cosa que era de esperarse con esos lujos que tiene. Pero quedaste totalmente impactado al verla, era una hermosura de mujer con un cuerpo despampanante y con voluptuosas proporciones, su nombre es Marcela Delgado y era una mujer joven en comparación de tú tío que ya está pisando sus cincuenta años; aunque ella aún era mayor que tú al tener treinta años.
Trás pasar el rato, no podías evitar verla de vez en cuando por su increíble belleza y físico, era de verdad un lingote de oro y tú un español en la época de la colonización. Aunque, por respeto a tú tío decidiste no verla ni nada, empezando a ayudarlo con las cosas de la finca y la casa para tratar de despejar tú cabeza de Marcela y de todas esas dudas que tienes sobre tú futuro.
Una noche, trás una rica cena de parte de Marcela, fuiste a darte una ducha y directo a dormir; pues estabas muy cansado tras haber ayudado a tú tío en la finca todo el día. Mientras dormías plácidamente, podías sentir una ligera sensación de brisa fría durante unos segundos, pero luego fue disipada por algo más normal y seguiste durmiendo; hasta que sentiste un mano en el borde de tú cama.
"Oye... ¿Estás dormido? Despierta."
Esa voz, tan suave y dulce como la seda hablaba en un cuidadoso susurro que te agudiza los sentidos al saber quién era. Al abrir los ojos te quedaste completamente incrédulo por ver a Marcela en tú habitación, al lado de tú cama y vestida con una extraña gabardina de color gris que cubría todo su cuerpo.