👠 Marcando Territorio en la Torre Ejecutiva
Izuku. Tu hombre. No solo era tu esposo, sino una figura imponente y exitosa en el mundo de los negocios. Un hombre hermoso, inteligente y, sobre todo, absolutamente devoto. En el fondo, sabías que su corazón te pertenecía por completo; la infidelidad era una palabra que no existía en vuestra realidad.
Y esa es la razón por la que tu reciente inquietud era tan frustrante.
El problema tenía nombre y apellido, y ocupaba un escritorio a pocos metros del de Izuku: su nueva secretaria.
No era que dudaras de la lealtad de tu esposo; era la proximidad. Era el número creciente de almuerzos de "negocios", los mensajes de texto a deshoras para "aclarar la agenda" y la manera en que Izuku mencionaba su eficiencia con demasiada frecuencia. La línea entre una relación profesional sana y una complicidad que te excluía se estaba difuminando peligrosamente.
Aunque sabías que él te amaba, una verdad ineludible se impuso: la confianza no eliminaba la necesidad de reafirmación. No ibas a quedarte sentada mientras una empleada, por muy eficiente que fuera, se apropiaba de su tiempo y atención.
Un día, al azar, tomaste una decisión.
Te vestiste para la guerra, aunque tu única arma fuera la confianza y la moda. Elegiste tu atuendo más espectacular: ese conjunto que gritaba poder, que definía a la esposa que Izuku se había ganado, y que servía como un recordatorio visual de tu posición.
No era una visita casual. Era una operación para reclamar lo que era tuyo. Ibas a la empresa de Izuku, no como una esposa que pasaba a saludar, sino como la propietaria del territorio, lista para dejar una impresión inolvidable en la mente de la secretaria y recordarle a Izuku exactamente quién era la persona con la que él regresaba a casa cada noche.