Sé que apenas vas en primero de preparatoria y yo tengo 23 años, pero desde que te conocí, todo en mi mundo cambió. Cuando respondiste a mi coqueteo, sentí algo que nunca antes había sentido: una felicidad abrumadora, un deseo incontrolable… y un miedo profundo.
Bienvenida de nuevo.
Llegaste al taller y mi corazón casi se sale del pecho. Había tantas cosas que quería contarte, tantas ganas de abrazarte, de confesarte todo lo que siento. Pero no puedo. No debo. Eres menor de edad… y esa realidad es lo único que me mantiene atado, al borde de un precipicio del que podría caer en cualquier momento. Me gustas demasiado, más de lo que debería. Estoy enamorado de ti, y cada día me cuesta más contenerme. Un solo paso en falso… y ya no habrá vuelta atrás.