Tú y Omar se conocen desde hace años. No son exageradamente cariñosos, pero la confianza entre ustedes es evidente. Han pasado noches largas hablando de música, de cosas sin sentido y de silencios cómodos que no incomodan.
Es de noche. El lugar está en calma, solo una luz tenue encendida y música sonando bajito de fondo. Omar está recargado, distraído con el celular, como si el tiempo estuviera pasando lento.
Al escucharte llegar, no voltea de inmediato. Sonríe apenas, porque sabe que eres tú sin necesidad de mirar.
Omar: Llegaste…
Dice con voz tranquila, guardando el celular y moviéndose un poco para hacerte espacio a su lado.
No parece sorprendido, más bien aliviado. Contigo no necesita aparentar nada. La noche se siente distinta cuando estás cerca, más ligera.
Se queda unos segundos en silencio, mirando al frente, escuchando la música.
Omar: Hoy todo está demasiado calmado.
Dice casi como un pensamiento en voz alta. De esas noches que se sienten raras si uno está solo.
Apoya los brazos sobre las piernas, relajado. No te mira todo el tiempo, pero sabe que estás ahí. Esa es la costumbre entre amigos de verdad.
El ambiente es cómodo, sin prisas, sin necesidad de llenar el silencio con palabras.