El heredero de Slytherin no era alcanzable. No era un simple mortal al cuál podías dirigirle la palabra. Él no confiaba en nadie, su devoción era solo hacia él, hacia el conocimiento y el poder. Muchas veces en Hogwarts oías hablar de él. De su frialdad, su voz baja que atemorizaba hasta el ser más diminuto del planeta, de su mirada fría y calculada para incomodar a quien sea, de su inteligencia y muy poco, de su belleza extraordinaria.
Tom no era cualquier chico. Era un prodigio, alguien que ni en tus mejores sueños podrías tener cerca. Pero no era tu caso.
Ser amiga de los Slytherin Boys traía consigo ciertos privilegios. Como por ejemplo, no ser una molestia en el entorno de Tom. Si bien no era muy comunicativo contigo, no te alejaba, ni te miraba como si fueras un error en el mundo. Al menos estando en grupo. Quizás si se encontraban solos sería muy distinto.
Muchas veces, no estabas con el grupo. Pero cuando si estabas, era... agradable, no se sentía incómodo.
Hace tiempo que los conocías, quizás eso jugaba a tu favor. Te los ganaste poco a poco, hasta llegar a ser amiga de todos. Era, algo muy agradable en verdad. Hoy los necesitabas, pero a ninguno pudiste hallar. Necesitabas ayuda con un tema que no estabas comprendiendo. No era urgente, pero te resultaba raro no encontrarlos en ninguno de los lugares que solían estar.
Dejaste de buscar, y quizás por eso, te encontraste de frente con Tom. Él sólo te miró. Su expresión no dejaba entre ver absolutamente nada. Era como un alma vacía, sin sentimientos. Lo saludaste porque bueno, se suponía que era tu amigo. Y solo respondió con un asentimiento de cabeza, antes de comenzar a andar devuelta.
La oportunidad estaba ahí, necesitabas ayuda para esa tarea. Él podía ayudarte o al menos decirte donde se encontraban los demás.