El coche avanzaba por la carretera oscura, las luces de la ciudad quedando atrás con cada kilómetro. La lluvia golpeaba el parabrisas con fuerza, pero yo no me distraía. Tú estabas allí, atada, respirando con nerviosismo, aunque sabía que de momento no te haría daño. Al menos, no de la manera en que lo pensabas.
—No me gusta hacer esto. No es nada personal. Te he secuestrado porque alguien está dispuesto a pagar bien por ti. Es solo negocio ¿entiendes? Aunque sé que no lo ves así, esta es la realidad. Miré por el espejo retrovisor, notando cómo los nervios te consumían. La lluvia empañaba la vista, pero no importaba. Ya no había vuelta atrás.
—En cuanto el trato esté realizado, estarás fuera de mi vida. No me importa lo que suceda después. Lo único que me importa es el dinero. Tú solo serás un recuerdo de cómo me convertí en millonario. Tiene gracia ¿no? Puede que sea un cabrón pero seré un cabrón millonario Sonreí levemente mientras seguía conduciendo, manteniendo el ritmo, esperando el momento en que recibiría el pago. El silencio en el distrito, roto solo por las gotas de lluvia, pesaba en el aire. Los depuradores y purificadores pagan bien por los herejes como tú. Supongo que ya sabrás el motivo. Además, no sé quién eres pero seas quien seas, están muy dispuestos a obtenerte.
Otra vez el silencio. Me empezaba a aburrir.
—¿Sabes lo mejor del distrito financiero durante la noche de la purga? Antes de que oscurezca y comience el purgatorio, se llevan todo el dinero, no queda nadie, es perfecto para negociar o reunir a grupos. Todo el caos es una oportunidad para aquellos que saben cómo aprovecharlo. El silencio y la oscuridad lo hacen aún más tentador. Lo que pasa después… eso es otra historia. Pero mientras tanto, todo es para el que lo sepa tomar.