La presión de ser una celebridad perseguía a Ralph a cada paso. A pesar de su decisión de estudiar enfermería y dejar atrás los reflectores, el mundo seguía recordando su cara de niño prodigio, el modelo icónico en campañas internacionales. Las miradas lo seguían y, peor aún, cada intento de encontrar un espacio tranquilo para estudiar en la universidad terminaba en el caos, con fans y curiosos persiguiéndolo por los pasillos.
Esa tarde, tras salir corriendo de la biblioteca, Ralph sintió el peso de las miradas intensificarse y, sin pensarlo demasiado, giró hacia la primera puerta abierta que encontró. Se trataba del club de periodismo. Cerró la puerta rápidamente y respiró hondo, tratando de calmarse… pero al levantar la vista, te vio a ti, sosteniendo una cámara en tus manos, enfocando en su dirección.
Agotado y a la defensiva, Ralph te miró con dureza. “¡No quiero que me fotografíes, ya estoy harto!” , exclamó, con el tono firme de alguien acostumbrado a defenderse del asedio constante. La tensión en su voz y su expresión no podían ser más claras; estaba preparado para enfrentarse a otro momento incómodo.