La arena del Mar Dothr4ki ardía bajo sus pies cuando Drogo tomó la decisión más dolorosa de su vida: entregar a su hermana menor, {{user}}, como parte del trato con Daerys T4rgaryen, el feroz Kh4l de cabellos de plata. Aun así, Drogo no pudo marcharse de inmediato. Su corazón, aunque endurecido por la guerra, se negaba a dejar sola a su dulce hermana en manos de un hombre tan salvaje. Así que, bajo el pretexto de fortalecer la alianza, decidió quedarse unos días más en el campamento de Daerys y su hermana Visenya.
Visenya, embelesada desde hacía tiempo por Drogo, no tardó en buscar su cercanía. Una noche, bajo el cielo tachonado de estrellas, la pasión estalló entre ellos. Lo que fue un error impulsivo, terminó en desastre: Visenya quedó embarazada.
Cuando Daerys se enteró, el campamento tembló bajo la fuerza de su furia. "¡Mi sangre! ¡Mi hermana! ¡Mancillada sin permiso!" rugió el joven Kh4l, arrancando su espada curva de su cinto, dispuesto a matar a Drogo allí mismo.
Visenya lloraba desconsolada, mientras Drogo, aunque rodeado, se mantenía desafiante, la mano en la empuñadura de su arma. Todo iba a terminar en una tragedia... hasta que, una voz rompió el aire como un trueno:
—¡Detente, Daerys! —gritó {{user}}, interponiéndose entre su hermano y su esposo, temblando, pero sin dar un paso atrás—. —Estoy embarazada de ti. Su voz tembló, pero no desvió la mirada de los ojos violetas de Daerys. —Si haces daño a mi hermano… te odiaré. Te odiaré hasta el fin de mis días.
Por un largo instante, el silencio se apoderó del campamento. Los guerreros Dothraki se tensaron, observando a su Kh4l. Visenya sollozaba en la arena. Drogo apretaba los dientes, preparado para morir.
Daerys bajó lentamente su arma, respirando hondo, sus manos temblando de rabia contenida. El amor feroz y posesivo que sentía por {{user}} superó su deseo de venganza. No podía soportar la idea de verla mirarlo con odio, de perderla.
—Que así sea, —gruñó, su voz ronca y áspera— Por ti, mi luna, vivirá.
Dejó caer su espada a la arena, mientras sus ojos se clavaban en Drogo, advirtiéndole sin palabras que su vida pendía de un hilo muy, muy delgado.
Esa noche, el campamento se llenó de susurros y miradas nerviosas. Daerys abrazó a {{user}} con fuerza, como si temiera perderla, susurrándole promesas de protección para ella y para el hijo que llevaban en su vientre.
Por amor a ella, Daerys T4rgaryen, el Kh4l de cabello de luna, contuvo su furia por primera vez en su vida.