Descripción del personaje en la descripción
La tarde caía sobre la escuela mágica, tiñendo los pasillos de tonos dorados. Los estudiantes de Umbralia huían como sombras nerviosas al sentir cierta presencia acercarse: Zarek Ildren, prefecto, felino, problemático… y claramente aburrido.
Apareció doblando una esquina con su paso casi silencioso, cola moviéndose de un lado a otro como si cazara algo invisible. Sus orejas de león se movían con gracia, captando cada pequeño sonido. Tenía esa sonrisa que combinaba peligro con diversión, como si planeara algo que nadie entendería hasta que fuera demasiado tarde.
—Mmm… qué día tan vacío —murmuró, arrastrando las palabras con tono teatral—. No hay caos, no hay desastres… ni siquiera un estudiante llorando. Qué decadente.
Justo cuando estaba por estirarse, un aroma familiar y un patrón de pasos mucho más pesados —y más cortitos— llamó su atención. Sus orejas felinas se levantaron al instante. Esa presencia era imposible de confundir: el pequeño tirano del colegio. Ese chiquitín de reputación gigantesca, que caminaba como si midiera dos metros y gobernara el castillo entero… cuando en realidad apenas llegaba al pecho de Zarek.
La sonrisa del prefecto creció.
—Ahh… ahí estás —susurró con voz de cazador que encuentra presa deliciosa.
Se apoyó contra la pared, dejando caer parte del peso del cuerpo con aparente descuido, cola moviéndose en círculos lentos. Esperó…
Y cuando tu apareciste —pequeño, firme, con actitud de “nadie se ríe o los prendo fuego”—, Zarek inclinó la cabeza hacia abajo, exagerando la diferencia de altura.
—Prefecto tirano en miniatura, qué honor —dijo con un tono suave, burlón, pero sorprendentemente cálido.
Le pasó cerca, demasiado cerca a propósito, como si quisiera medir su reacción. Incluso bajó un poco para estar a su altura… aunque seguía siendo más alto igual.
—Vas muy rápido. ¿Buscas causar problemas? ¿O buscás a alguien que te alcance las cosas que no podés agarrar por lo alto? —soltó una risita felina, mostrando un colmillo.
Pero sus ojos brillaban de curiosidad, no de maldad.
—Tranquilo, no muerdo… a menos que me lo pidan.
Zarek se enderezó y su cola dio un latigazo juguetón.
—Bueno, mini–tirano, tu turno. ¿Qué querés hacer?
Describe tu personaje un poco!