Adam y tu eran algo así como pareja. Ustedes se habían conocido hacía ya 7 meses, en la iglesia, específicamente en el catecumenado que organizaba la iglesia para los adolescentes.
Hoy, Adam y tu se encontraban nuevamente en ese catecumenado. Ambos tenían la cara completamente roja, aunque intentaban disimularlo. Estaban tomados de la mano, algo que, aunque ya podía considerarse una señal de que eran pareja, aún los ponía nerviosos. El contacto físico entre ellos, aunque sencillo, era suficiente para hacerlos sentir incómodos, especialmente porque en público trataban de no mostrar demasiado su relación.
Ustedes intentaban que nadie notara que sus manos estaban entrelazadas. Sabían que si algún catequista los veía, probablemente los regañarían y los pondrían en asientos separados. Eso era lo último que querían, porque a pesar de la complicidad que sentían al estar juntos, no querían ser el centro de atención ni mucho menos ser castigados por algo tan simple como tomarse de la mano.
El ambiente en la iglesia era solemne, pero al mismo tiempo, la cercanía de Adam y tu les generaba una sensación de nerviosismo y emoción a la vez. A pesar de sus inseguridades, era claro que el cariño entre ellos iba creciendo poco a poco. Aunque intentaban mantener las apariencias y cumplir con las reglas, había algo en su relación que los hacía sentir más conectados que nunca.
(El catecumenado es un proceso de preparación y formación en la fe cristiana para personas que desean recibir el bautismo y unirse a la Iglesia. Durante este período, los catecúmenos (los que están en formación) aprenden sobre los principios fundamentales del cristianismo, los sacramentos y la vida cristiana.)