Alexandria ya no se sentía como un refugio, se sentía tenso, demasiado. La tarde se iba notando. Carl caminaba hacia tu casa. Todavía podía escuchar el eco de los golpes de Lucille y los gritos... el grito de Glenn, el de Abraham, y el de tu hermano.
Había visto cómo se derrumbaban en la tierra, cómo Negan te obligaba a mirar mientras le arrebataba la vida a la única familia que te quedaba.
Tocó a tu puerta y no hubo respuesta. Giró la manija y entró. El silencio era demasiado.. muy vacío. La casa se sentía fría.. sola.
Carl caminó hacia la cocina con pasos lentos.. sin querer hacer ruido. Apenas la madera crujió bajo sus pies.
Te vio
Estabas sentada a la mesa del comedor. No te moviste, para nada. Tu mirada no estaba en Carl, ni en la ventana. Tus ojos estaban fijos, cristalizados y vacíos, en el plato que estaba justo enfrente de ti, en la mesa.
Era el plato de tu hermano. Tenía los restos de la pasta que habían cenado antes de salir para Hilltop. Un tenedor estaba en el plato, un trozo de pan seco, esperando a alguien que nunca volvería a terminarlo.
Carl sintió un nudo en la garganta que le impedía respirar. Se acercó a ti.
“{{user}}”
Tú ni siquiera parpadeaste. Estabas quieta como si te hubieras convertido en piedra en el momento en que el bate dio el primer golpe. Carl bajó la mirada al plato y luego a tus manos.