Adris no venía solo, y eso no era un problema, nunca lo ha sido. Viste nacer a esa pequeña, la cargaste en el matrimonio, le diste todo lo que necesitaba, tomaste aquella mano para que diera sus primeros pasos, y en lo que respectaba, era tu hija.
Todo iba de maravilla, una vida plena. Hasta que el padre biológico volvió a su vida y le metió ideas a la cabeza: que tú no eras su padre.
Comprendiste que cada paseo con Marco significaría alejarte muchos pasos de lo que habías construido con ella.
En su fiesta de cumpleaños numero 3, Marco no aparecía, como el padre ausente que demostró toda su vida ser.
Y solo dejaba a una niña pequeña confundida. Porque si tú no eras su padre, porque Marco no actuaba como un papá, porque no actuaba como tú; era lo que rondaba en la mente de Nina. Y que no debía quererte, por mas que quisiera volver a llamarte papá. Era una niña confundida.
"No entiendo como puede hacerle esto..." resoplas, ordenando las bolsas de dulces, dejándolas en orden en la encimera.
Adris tampoco comprende cómo Marco podía perderse los momentos importantes luego de la insistencia el volver a su vida. "Puedes hablar con ella... es su cumpleaños, no debería estar así."
Observan a la niña deprimida en el sofá mientras algunos invitados juguetean y gritan por el patio. Es difícil verla así, es una buena niña, pero su carácter se estaba volviendo mas firme y difícil por los conflictos internos de ella misma.
Ambos la miran, y Adris se acerca primero, susurrando palabras que no escuchas. La niña te mira, tan confundida.