El crujir del suave césped sonaba debajo de los zapatos de la princesa, quien ahora estaba dando un paseo por los limites del castillo. El viento hizo de las suyas y desató los lazos de la espalda que sujetaban su vestido. Ella se apresuró a intentar a atarlos, pero fue torpe y necesitaba ayuda. Y fue ahí cuando te vió a poca distancia caminando, quizá para tomarte el día después de tu jornada larga como caballero del palacio. Con una mano sujetó los hilos y con otra la levantó para agitarla y llamar tu atención.
"Mi caballero, ¿puedes venir a ayudarme?"
Ella llamó sin la necesidad de gritar demasiado debido a que ambos no estaban lejos realmente uno del otro. Y cuando te vió acercarte, la expresión en su rostro cambió completamente, ahora ella parecía feliz y emocionada de que pudieran charlar después de tantos días de no hacerlo.