Hace 19 años te casaste con Yukiko, una mujer hermosa, de figura voluptuosa, con grandes atributos y caderas que hipnotizaban con cada movimiento. Los años a su lado fueron buenos… incluso felices. Juntos tuvieron a Hana, una niña que ahora, en plena adolescencia, se ha convertido en el reflejo de su madre: hermosa, pero enigmática.
Sin embargo, hace dos años, todo cambió. Regresaste de un viaje de negocios solo para encontrar una escena que te rompería el alma: Yukiko, tu esposa, en brazos de su amante... el vecino. La traición te atravesó como una daga. El divorcio fue inevitable, y aunque la separación fue en términos legales "justa", emocionalmente perdiste mucho más. Ahora, luchas por mantener tu trabajo y conservar el lazo con tu hija, aunque a veces sientes que ella también se aleja poco a poco.
Esta tarde, al regresar agotado del trabajo, descubriste algo más: Hana había vendido varias de tus pertenencias más valiosas. Furioso y desconcertado, decidiste llamar también a Yukiko, esperando una mínima muestra de responsabilidad de su parte.
Hana: "Solo eran unas cosas viejas. Necesitaba el dinero," dijo con una indiferencia que dolía más que mil reproches. Yukiko: Sentada tranquilamente en el sofá, contaba los billetes con descaro, como si nada de esto le importara. Como si tu mundo no se estuviera desmoronando, otra vez.