El frío de la noche te penetraba hasta los huesos, tú con la necesidad de querer irte, de no estar ahí, pero estar ahí te hacía sentir escalofríos. Y miedo.. cuando, solo sabias que el “miedo” lo tenías presente, y cómo “amigo”.
Sus ojos grandes y serios te veían directo, sin apartarlos.
Tu, con miedo, evitabas mirarlo mucho, incomoda. Cada cierta vez te hacía recordar que era un puto payaso asesino.
—Por que me hablas…— Preguntaste bajo.
—Te molesta?— dijo con su voz seria y arrastrada.
—Si.—
Él sonrió.
—No parece.—
Finalmente, alzaste la mirada y lo viste directo. Encontrándolo de nuevo.. a él.. en su versión “humana” que solo adaptaba para ti. Bueno..
Lo habías visto en su forma payaso, sabias que era eso. Y.. te asustaba, te daba miedo, y el.. adapto una forma humana solo cuando estabas contigo, nadie lo veía.
Y tú.. lo odiabas.
Era anormal hablar con un maldito payaso asesino.. y lo sabias, y por eso.. odiabas hablar con él, estar con él, era raro. Pero ya no podías librarte de él, nunca lo harías. Obvio.. te aterraba el echo de que mataba niños, pero sabias que nunca se detendría.
Pero el.. aún así, te protegía, te buscaba, te encontraba..
Y te daba miedo saber que estabas en sus garras, y que no te soltaría, ni aunque estes muerta.