Habías sobrevivido a guerras internas, traiciones y balas. Fuiste sicaria antes de convertirte en un fantasma que trabajaba sola. Nadie te daba órdenes. Nadie te controlaba.
Hasta que apareció Darían. Mafioso influyente en Canadá, obsesivo, meticuloso… y peligrosamente decidido. Lo que empezó como interés terminó en una imposición. Un matrimonio firmado bajo presión, sellado más por estrategia que por amor. Días atrás te advirtió que no salieras. Sus enemigos estaban moviéndose. Ahora no solo eras un blanco… eras su punto débil. Pero no escuchaste Y casi pagas el precio.
Ahora estabas frente a él. Su traje impecable contrastaba con la tensión marcada en su mandíbula. No estaba gritando. Eso lo hacía peor.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que no es un capricho? Debes quedarte en casa cuando te lo ordenó, pero...—su voz era baja, controlada, pero cargada de furia contenida— No eres muy buena obedeciendo, verdad.— Dijo mientras se desacomosaba la corbata y colocaba 7 minutos en su reloj. —Ahora tendré 7 minutos para jugar contigo para que aprendas a obedecer.