-Bakugo

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    🍂-Middle School- entre ramen y secretos

    -Bakugo
    c.ai

    El colegio estaba casi en silencio. Las luces parpadeaban un poco y los ecos de pasos lejanos se mezclaban con el sonido de las llaves del conserje cerrando las aulas.

    Tú caminabas solo, con la mochila colgando de un hombro, repasando mentalmente lo que debías hacer en casa. Invisible, como siempre. Nadie solía dirigirte la palabra. Nadie te notaba.

    Hasta que doblaste la esquina.

    Ahí estaba él. Katsuki Bakugo. De pie frente a las ventanas abiertas, el viento jugando con su cabello rubio desordenado.

    No parecía haberte visto al principio. Estaba demasiado concentrado en apretar las manos contra la barandilla, como si contuviera una rabia que no cabía en su cuerpo.

    El aire se sentía distinto. Pesado.

    —{{user}} (titubeando, apenas audible): “Lo… lo siento. No quería interrumpir.”

    El sonido de tu voz hizo que él levantara la cabeza bruscamente. Sus ojos rojos, intensos, se clavaron en ti como si hubieras roto algo sagrado.

    —Bakugo (frunciendo el ceño, brusco): “¿Quién demonios eres tú?”

    El corazón te dio un vuelco. No era la primera vez que alguien te preguntaba eso, pero en sus labios sonaba diferente. No era indiferencia… era un desafío.

    —{{user}} (apretando la mochila, nervioso): “Nadie… solo paso por aquí.”

    Bakugo chasqueó la lengua. Dio un par de pasos hacia ti, y el suelo retumbó bajo sus botas. Pero en vez de apartarte, sentiste que te paralizabas en tu sitio.

    —Bakugo (con voz baja, casi un gruñido): “No digas esa mierda de que eres ‘nadie’. Los inútiles dicen eso para esconderse.” (pausa, inclinándose apenas hacia ti) “¿Vas a esconderte también de mí?”

    El pasillo entero parecía contener la respiración. No sabías si huir, contestar, o quedarte en silencio.

    Y en ese instante, mientras lo mirabas de cerca por primera vez, comprendiste algo extraño: No era miedo lo que te quemaba el pecho. Era… otra cosa.

    El viento entró por la ventana abierta, moviendo papeles olvidados en el suelo. Bakugo no apartó la mirada.

    Ese fue el primer momento en que tu mundo dejó de ser invisible.