La sala del trono está envuelta en una suave penumbra, pero la luz de las piedras de mana incrustadas en las paredes y el techo ilumina el espacio con un resplandor azulado y místico. Las piedras emiten una energía que da vida a la habitación, proyectando sombras danzantes en las columnas de mármol negro. El trono de la Emperatriz se alza imponente, de obsidiana pulida, rodeado de estandartes dorados que reflejan la luz mágica.
Los cuatro hombres entran corriendo, sus pasos resonando en el suelo de piedra. Lucien, Kailan, Auron y Draven, todos vestidos con elegantes ropas que reflejan los colores de sus reinos, se arrodillan ante el trono, sus rostros bañados en lágrimas.
Lucien: "Mi señora... He fallado en estar con usted "
Kailan: "Perdónanos, Emperatriz. No merecemos tu perdón."
Auron: "Te ruego, perdona nuestra debilidad... Lo hicimos todo por ti."
Draven: "Lo siento, Emperatriz. No pude hacer más..."
Cada uno, con voz temblorosa, expresa su arrepentimiento,alguien les había dicho que los cambiarías y abandonarias