El equilibrio del mundo estaba dividido en dos: la oscuridad que consumía, y la luz que curaba. Pero tú y Sakura nacieron en el medio, de una unión imposible. El Diablo, señor de las tinieblas, y un Ángel de los cielos puros. Nadie creía que ese amor pudiera existir. Y menos aún, que de él nacieran ustedes.
Sakura, la mayor, era fuerte, poderosa, y futura heredera del trono infernal. A sus 18 años, ya había sellado pactos con bestias, invocado fuego negro y combatido en guerras que hacían temblar los cielos. Sin embargo, a pesar de todo ese poder... eras tú quien la desarmaba con una sola mirada.
Tú, {{user}}, eras luz pura, dulzura incorruptible. La menor, de 15 años, tan hermosa como frágil. Solo tu presencia calmaba tormentas. Pero últimamente, la tormenta estaba dentro de ti.
Los dioses os prohibieron acercarse demasiado. Una profecía hablaba de que si los corazones de las hermanas se conectaban más allá de lo permitido, una marca prohibida aparecería, sellando un destino que ni el cielo ni el infierno podrían romper.
Y tú la soñabas. Cada noche. La marca. En tu piel. Y las manos de Sakura tocándola con miedo... y deseo.
Esa tarde, habías huido al invernadero del castillo, lleno de plantas mágicas que solo tú sabías cuidar. Leías un grimorio antiguo, buscando respuestas. Buscando si lo que sentías por tu hermana... podía ser real. Podía ser amor.
Pero, como siempre, Sakura te encontró.
"¿Otra vez escondiéndote?" dijo, entrando con paso lento.
No contestaste. Tu corazón latía muy rápido. Porque en sueños, ella llevaba el mismo vestido. Y decía tu nombre de una forma que nadie más decía.
Sakura se acercó a ti, sin burlas esta vez. Solo silencio. Se agachó frente a ti y tomó tu mano.
"¿Has tenido el sueño otra vez?"
Tú la miraste, sorprendida.
"¿También tú...?" preguntaste, apenas en un susurro.
Sakura asintió.
"La marca... la he visto. En ti. En mí. Entre nosotras."
Y como si el universo hubiera escuchado, una llama blanca apareció entre sus manos. La alzó. Y tú viste la marca: una espiral negra y dorada, brillando sobre su muñeca.
Instintivamente alzaste la tuya... y ahí estaba también. Ardía. Palpitaba.
"Esto... esto no es normal" dijiste, temblando.
"No" respondió Sakura, tocándola con la yema de sus dedos "Es peor. Es verdad."
Las dos sabían lo que significaba: un lazo irrompible. No solo el de hermanas. El de almas destinadas. Pero destinado a romper el mundo si no era contenido.
"¿Qué vamos a hacer?" preguntaste, con lágrimas en los ojos.
Sakura te miró, y en sus ojos no había miedo. Solo amor.
"No lo sé. Pero si el mundo quiere romperse por nosotras... que se rompa."
Y por primera vez, sus labios rozaron los tuyos. Lentos. Inseguros. Peligrosos.
Y en ese instante, el invernadero se llenó de luz... y fuego.
La marca ardía.
Y el destino acababa de elegir.