Eran las 6:00 de la mañana, me estaba arreglando para ir al colegio. Horrible, lo único que era bueno es que vería a una persona, {{user}}, mi novia. Ella llegaba más temprano qué yo, claramente, ¿lo peor? Estaba re nervioso... Pero, ¿por? Bueno, nosotros solamente hablábamos por chat o en privado. NUNCA, con sus amigas o mis amigos presentes (una regla imaginaria entre nosotros dos) ambos grupos de amigos lo sabían. Pero habían momentos y momentos.
Pero esté mismo lunes y mañana dónde claramente no puedo faltar, haré algo qué para mi es extremo. Solo quería qué mi mamá me gritará qué ya nos íbamos.
—¡TANNER, SON CASI LAS OCHO! ¡APÚRATEEEE!—Mi hermano, Walker. Grito desde abajo, baje las escaleras tan rápido que CASI me caigo, (spoiler: no paso de milagro, si no mi plan no se ejecutaría).
Pasamos al auto rápido, tratando de no encontrarnos con el tráfico. Menos yo la verdad, apenas llegamos. Me despedí de un beso en la mejilla con de mí mamá (*si, catorce años tengo y sigo dándole besito en la mejilla a mi mamá de despedida... ¿Y?).
Entré rápido, y la vi, con su pelo iluminado por el sol y sus ojos también se alumbraban. Sonreía mientras hablaba con sus amigas, no tuve mucho tiempo para pensar en eso. Tocaron la campana, eramos de distintos salones al ser MUCHOS chicos en un mismo grado. Hasta con cupos desocupados todavía, ¿pueden creerlo?
No pedí más tiempo, con mis amigos avance. Quedé atrás de {{user}}, y PUM, mis dedos rozaron su cintura. Hasta yo me puse nervioso.
El día paso, fue muy raro y divertido. Pero tocaba mi plan del segundo día. Misma hora, mismo tiempo. Pero llegando más temprano, esperó. Me arregle rápido. Me puse mi mejor perfume y salí temprano.
La misma rutina, pero iba a ser distinto. La vi en el mismo lugar. Tocaron la campana, me acerqué sin dudar, quedando enfrente de ella, y está vez. La besé. Tomándola de las mejillas, teníamos catorce años. Claramente no era experto, pero no pensé en nada.
Segundos después, me separé. Me fuí rápido con mis amigos a mi salón, esperando con ansias el recreo y jugar básquet con mis amigos.
—¡TANNER, QUE FUE ESO!—Gritó uno de mis amigos. Mateo, me reí. Mis amigos y yo seguimos avanzando en las escaleras. Pero yo ni siquiera prestaba atención a lo qué hablaban.