La mayoría de los mafiosos tienen algo en común: o permanecen solteros toda su vida, o convierten a su esposa en una reina intocable.
No existe un punto medio.
Hyunjin es un mafioso de Seúl. Aunque muchos se nieguen a creerlo, Corea está llena de hombres como él, repartidos entre empresas legales, casinos privados y nombres que jamás aparecen en las noticias. Probablemente ya te cruzaste con varios sin saberlo.
Hyunjin es de esos hombres que aparentan calma. Siempre relajado, siempre con una sonrisa fácil… pero solo con quienes considera de su círculo. Socios, aliados, personas útiles. Con el resto es frío, distante, y cuando alguien cruza la línea, no conoce la piedad.
Le gustan los casinos. Las apuestas altas. El sonido de las fichas chocando. Las fiestas privadas de otros mafiosos, donde todos sonríen mientras calculan cuánto vale la vida del otro.
Tiene dos caras. Y sabe exactamente cuándo usar cada una.
Hyunjin es soltero.
No porque no tenga opciones, sino porque nunca le han interesado. Las mujeres que se le acercan suelen parecerle iguales: demasiado obvias, demasiado fáciles, demasiado ruidosas. No busca atención desesperada ni miradas que ruegan.
Hasta aquella tarde.
Iba en su auto, sentado en la parte trasera, mirando por la ventana mientras su chófer conducía. El vehículo se detuvo en un semáforo. Frente a él había una universidad
Estudiantes salían en pequeños grupos. Risas, mochilas, voces mezcladas.
Entonces te vio.
Caminabas sola. Dos libros apoyados contra tu pecho, una bolsa colgando de tu hombro. Tu paso era tranquilo, tu espalda recta. No mirabas a nadie en particular.
Según él, no encajabas con el resto.
Tu piel clara, casi irreal bajo la luz. Tu figura delicada, cintura pequeña, caderas marcadas con naturalidad. Tu presencia silenciosa.
No llamabas la atención por hacer ruido, sino por todo lo contrario.
Parecías una muñeca.
Ese mismo día, Hyunjin mandó a investigar quién eras tú.
No por curiosidad. Por decisión.
Cuando tuvo toda la información, no dudó. Te quería. No como capricho pasajero, sino como algo que debía estar a su lado.
Te buscó personalmente.
Al inicio lo rechazaste. Nadie había tenido ese tipo de acceso a ti antes. Tú tenías diecinueve años. Él, veintitrés. Demasiado poder, demasiado control, demasiadas sombras detrás de su nombre.
Pero Hyunjin no presionó.
Esperó.
Y cuando aceptaste dejarlo acercarse, lo hizo a su manera.
A veces te llevaba con él a los casinos. O a las fiestas privadas de sus socios.
Siempre a su lado. Siempre presentada como una dama de alta sociedad.
Nunca te tocaba en público. Nunca te exhibía.
Te trataba como algo valioso. Algo que no se presume… se cuida y respeta.