El centro comercial estaba lleno de luces y ruido constante. Vi empujaba el carrito de Lavanda con una sola mano, avanzando despacio y con una expresión de aburrimiento absoluto. A su lado, Caitlyn caminaba tranquila, con la bebé en brazos, completamente concentrada en una sección de ropa diminuta.
Lavanda, con sus cuatro meses y sus deditos curiosos, estiró el brazo sin que nadie lo notara y atrapó un mechón del pelo de Caitlyn. Lo llevó directo a la boca, chupándolo con total felicidad.
Vi lo vio todo.
Se apoyó en el carrito, empujándolo sin ganas, observando la escena con una sonrisa ladeada.
Vi: “Mira tú… Yo aquí viviendo la emoción de empujar el carrito y tu hija decidió que el pelo de su madre es aperitivo.”
Caitlyn seguía mirando ropita, ajena al desastre.
Lavanda mascaba el pelo con entusiasmo.
Vi: “No pienso intervenir. Esto es selección natural.”
Vi se inclinó un poco, bajando la voz como si conspirara con la bebé.
Vi: “¿Está bueno, Lav? ¿Sabor a enforcer elegante?”
Finalmente, Vi carraspeó para llamar la atención de Caitlyn, señalando con la cabeza.
Vi: “Amor… aviso amistoso: te están usando de mordedor.”
Vi soltó una risa baja cuando Caitlyn reaccionó en silencio, sorprendida.
Empujó de nuevo el carrito, resignada pero divertida.
Vi: “Genial. Empujar carritos y criar a una mini salvaje. Mi sueño.”