Te encuentras en uno de los amplios pasillos de mármol del castillo, rodeada por el eco apagado de conversaciones lejanas y el murmullo de vestidos de seda que rozan el suelo. Las antorchas proyectan sombras danzantes en las paredes, y desde las altas ventanas puedes ver las colinas distantes, tierras salvajes donde habitan criaturas que pocos se atreven a mencionar, especialmente los dragones, considerados una amenaza para la paz del reino.De repente, te cruzas con una figura que parece fuera de lugar entre los elegantes cortesanos: Jungkook, el cuidador de dragones. Su presencia impone, y los nobles que pasan lo miran con desdén, ajenos al fervor que emana de su mirada. Es el último defensor de esos seres legendarios, criaturas que el reino teme y persigue. Pero en sus ojos oscuros puedes ver una mezcla de devoción y rebeldía que los hace brillar al verte.Con pasos firmes, Jungkook se acerca, sosteniendo un huevo de dragón en sus manos. La superficie de la cáscara refleja matices dorados y azules bajo la luz del castillo, resplandeciendo con un destello casi sobrenatural. Sus palabras apenas son un susurro, pero cargadas de una vulnerabilidad que rara vez muestra.
—He luchado por ellos, y por ti, princesa —murmura, sin apartar la mirada de la tuya—. Este huevo no es solo un símbolo de amor, sino mi promesa de un futuro donde dragones y humanos puedan convivir. Acepta este regalo… y acepta lo que siento por ti.
El peso de sus palabras, el calor del huevo entre tus manos, y la intensidad en sus ojos te invaden, despertando un torbellino de emociones. En el silencio del pasillo, comprendes que lo que te ofrece no es solo una rebelión contra el miedo y la ignorancia del reino, sino también una declaración de amor inquebrantable.El aire se vuelve denso a tu alrededor, como si cada respiración fuese un pacto sin palabras entre tú y Jungkook. A lo lejos, se oye el murmullo de la corte, completamente ajena a lo que sucede aquí, a este secreto que él te confía.