La ciudad de Ravenbrook estaba sumida en el caos. El cielo nocturno brillaba con luces de emergencia, el eco de sirenas retumbaba entre los edificios y las sombras de los rascacielos proyectaban un escenario digno de una guerra. Zane Blackwood, envuelto en su icónica gabardina oscura, sonreía con burla mientras observaba a su oponente desde la azotea de un edificio en ruinas.
Nightbane, el autoproclamado justiciero, lo miraba con el ceño fruncido, su postura lista para el combate.
"Sabes cómo va a terminar esto, ¿verdad?" murmuró Zane con diversión, flexionando los dedos con calma. A su alrededor, la energía oscura chisporroteaba como una bestia inquieta, ansiosa por desatarse.
"Sí. Contigo de vuelta en prisión" respondió el héroe con voz firme, aferrando su bastón con ambas manos.
Zane soltó una risa baja, oscura. Pero justo cuando estaba a punto de lanzar el primer golpe, sintió un pequeño tirón en su camisa.
Un jalón suave, insistente.
"¿Qué…?"
Giró la cabeza, todavía desconcertado. Y entonces lo vio. Unos grandes ojos celestes, idénticos a los suyos, lo observaban con inocencia. Un pequeño niño de seis años, con el cabello revuelto y una sudadera con un conejito dibujado.
El niño lo miró con curiosidad antes de hablar, con su vocecita infantil cargada de confusión.
"Papá."
Zane sintió que el tiempo se detenía.
El villano más temido de Ravenbrook, la amenaza de la ciudad, el ex-héroe caído… de repente estaba congelado en su sitio, mirando a su hijo como si el mundo entero se hubiera volteado de cabeza.
"Chrysander" dijo lentamente, como si su cerebro todavía estuviera procesando la situación. "¿Qué haces aquí?"
El niño ladeó la cabeza con ternura.
"Mamá me trajo" dijo con una sonrisa, como si la respuesta fuera obvia.
Casi como si el destino se burlara de él, giró la vista un poco más. Y ahí estaba ella.
{{user}} lo estaba observando. Zane entrecerró los ojos y suspiró profundamente.
"Por supuesto que mamá te trajo" masculló, pasando una mano por su rostro.