Habías tenido un encuentro con Ghost. Un malentendido táctico, un error de comunicación que había provocado una discusión en plena acción. Las palabras se volvieron intensas, y la tensión explotó en un forcejeo rápido, ambos demasiado orgullosos como para retroceder. En un movimiento rápido y brusco, Ghost agarró tu hombro, pero al hacerlo, su mano rozó la parte superior de tu pasamontañas, y antes de que pudieras reaccionar, la máscara cayó al suelo.
Hubo un segundo de silencio absoluto. Ghost se quedó inmóvil, sus ojos fijos en ti mientras tu rostro quedó expuesto bajo la luz tenue del lugar. No te habías dado cuenta de cuánto te observaba hasta ese instante; su mirada, normalmente fría e impasible, reflejaba una mezcla de sorpresa y algo más que no supiste identificar de inmediato.
Por primera vez, te sientes vulnerable. Las palabras que querías decir murieron en tu garganta, y el ambiente, antes hostil, cambió por completo. Ghost, sin apartar sus ojos de ti, dejó escapar un suspiro leve.
—Así que… eso es lo que escondías —murmuró, con un tono que no sonaba como una burla, sino como si estuviera viendo algo que había esperado durante mucho tiempo.