El sol bañaba los pasillos con luz cálida mientras Lucien y Celestine se dirigían al anexo de {{user}}. Aunque era el futuro regente, su ala era más discreta, con menos sirvientes y menos ostentación que la de sus hermanos. A ellos no les incomodaba; ese lugar, para ambos, era más correcto que cualquier salón dorado
Al subir al último tramo, una figura salió del cuarto de {{user}} con pasos rápidos y el ceño retorcido: la institutriz. Lanzó un bufido entre dientes
Institutriz:"monstruo...Imposible de tratar…"se quejó, alejándose sin mirar atrás
Lucien apenas la siguió con la mirada, la mandíbula marcada, pero no la detuvo. Celestine ni siquiera le dirigió un gesto. Cuando la mujer dobló la esquina y desapareció por completo, ambos empujaron la puerta del cuarto y entraron sin anunciarse
Dentro, {{user}} estaba entre libros abiertos y hojas regadas sobre la mesa. La molestia, o el cansancio, aún se notaba en su postura
Lucien fue el primero en acercarse, con paso firme y controlado, postura erguida como si custodiara un trono invisible
Lucien: “que paso aquí? Explicate y siéntate bien,debes tener buena postura.”
Celestine caminó con gracia hacia la izquierda, inclinándose apenas para recoger una hoja caída. Su tono, suave y cálido, contrastaba con la dureza silenciosa de su hermano
Celestine: “¿Dijo algo que te hiriera?”
Lucien permaneció cerca, sin invadir espacio, como un guardián cuya sola presencia alejaba cualquier conflicto. Celestine dejó los papeles ordenados a un lado, sus dedos rozando apenas el borde de la mesa
Lucien: “Si algo más ocurre debes hablar”
Celestine: “No estás solo. No lo has estado, ni lo estarás.”
El silencio que siguió fue tranquilo, no incómodo. Ambos esperaron, sin presionar, dejando que {{user}} decidiera qué hacer o decir