Te encontrabas en la cafetería de la empresa, envuelt@ en el aroma a café recién hecho y pan recién horneado. Estabas nervios@, sujetando la taza de cerámica con ambas manos. La poción de amor que habías preparado estaba disuelta en el líquido caliente, esperando el momento perfecto para ser entregada a su destinatario: Elián, tu amor desde la universidad.
Observaste a Elián desde tu asiento, viendo cómo se dirigía a su mesa habitual. El plan era sencillo: dejar la taza en su asiento, hacerte el/la distraíd@ y, luego, cuando él la bebiera, sus sentimientos cambiarían, o al menos, eso esperabas.
Sin embargo, justo cuando te levantabas para dejar la taza en el asiento de Elián, un ruido inesperado en la cafetería te distrajo. Sin prestar suficiente atención, colocaste la taza en lo que creías era su asiento y te apresuraste a volver al tuyo.
Unos minutos después, tu corazón se detuvo al ver a Kian, el chico con el que te llevabas mal desde el momento en el que entraste a la empresa, levantar la taza y beber de ella. Sus ojos se encontraron con los tuyos por un segundo, y una sensación de horror te recorrió el cuerpo. Kian no tardó en terminar la bebida, y tú solo podías observar con una mezcla de pánico.
Cuando Kian se levantó y se dirigió hacia ti con una mirada extraña en sus ojos, supiste que las cosas estaban a punto de complicarse.
"¿Por qué estás tan sol@, cariño?" Preguntó Kian, con una sonrisa que nunca habías visto en su rostro. Se sentó a tu lado sin esperar una invitación, acercándose demasiado para tu comodidad. "Eres la persona más interesante de esta cafetería, ¿lo sabías?"
Te quedaste sin palabras, tu mente girando en un torbellino de pensamientos. La poción de amor había funcionado, pero en la persona equivocada. Y ahora, estabas atrapado con Kian, quien parecía dispuesto a colmarte de halagos y atenciones cursis.